21 de Febrero 2006

ACCIÓN Y REACCIÓN POLÍTICA

En política, lo esencial es conservar el mando de la nave: marcar los ritmos, dominar la agenda y no ceder a la dinámica perversa de verse arrastrado por el adversario.

Vence quien retiene la acción; pierde quien se ve condenado a ejecer la reacción.

Si esta ley fuera cierta (que yo creo que lo es), no hay duda de que, en el actual contexto de la disputa partidaria, el PSOE se está llevando la partida de calle.

Veamos: en los dos primeros años de legislatura, Zapatero ha conseguido sacar adelante diversas leyes de amplio calado social (la principal: la que reconocía el derecho de contraer matrimonio a las personas del mismo sexo, pero también la reforma educativa, el Plan Concilia o la norma de protección integral a las víctimas de la violencia doméstica), así como otras iniciativas que, sin permear en la misma medida entre la opinión pública (la nueva orientación de la política internacional, con la Alianza de Civilizaciones en primer plano) han consolidado el liderazgo del Presidente en su papel de impulsor y canalizador de la acción política del país.

En este panorama, la derecha política ha visto restringido su ámbito de acción a una pobre oposición negativa: es decir, se ha autoimpuesto una espartana disciplina de anti-política, la cual le ha impedido suscribir apenas acuerdos con el resto del arco parlamentario, prefiriendo a cambio impulsar tácticas de agitación popular y mediática.

Si nos centramos en los últimos meses, los principales retos que se le han planteado a Zapatero han sido, son dos: la reforma territorial y el proceso de pacificación de Euskadi. Tanto en uno como en otro tema, el PSOE ha dominado en todo momento los tiempos de la negociación, mientras que el PP se ha visto abocado a ir a remolque de los acontecimientos. Tras lograr el Presidente, por un lado, atraerse a CiU hacia sus tesis sobre el Estatut de Cataluña, y por otro, coger por los cuernos al toro vasco, la derecha se ha visto desprovista de sus principales bazas de oposición, quedando relegada su intervención en los debates a una pura (y mezquina) mecánica de injurias y difamaciones, en la cual ni siquiera ha faltado un muy decimonónico ruido de sables.

Ahora, cuando se va haciendo evidente que el Estatut que salga de las Cortes (y que poco o nada tendrá que ver con el aprobado en el Parlament catalán) será plenamente constitucional, y que cada vez parece más próximo el anuncio de que ETA abandone las armas, el margen de movimientos para la derecha se restringe más y más. Su estrategia desesperada de recogida de firmas para un referéndum ilegal, así como sus infundadas acusaciones de trato de favor a los etarras, revelan hasta qué punto el PP es consciente de que ha perdido por completo todos los trenes para desgastar a ZP. Tan sólo un encadenamiento de torpezas por parte del Presidente podría darle, a una oposición que se ha marginado a sí misma de la política constructiva, un oxígeno que hoy por hoy le falta, y que amenaza con ahogarle.

Escrito por MUTANDIS a las 21 de Febrero 2006 a las 12:18 PM