31 de Diciembre 2004

EL CARDENAL RATZINGER CONTRA EUROPA

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EL CARDENAL, EUROPA Y EL ISLAM


Ignoro si el catolicismo oficial (el de la Conferencia Episcopal y el semanario Alfa y Omega) difunde sus mensajes pensando en los ciudadanos, o sólo en sus propios consumidores. Si se trata de lo segundo, yo no tengo nada que decir. Pero presumo que se trata de lo primero, ya que mencionan instancias que a todos afectan e importan (Constitución, laicidad, Razón, entre otras muchas). Apelando, pues, a la audiencia en general, el catolicismo oficial se debería esmerar en sus argumentos. De no ser así, y si continúa con sus campañas desinformativas, mucho me temo que se va a poner en evidencia.

El último ejemplo lo hallamos en el texto “El relativismo no es tolerancia, sino rendición”, publicado por el citado suplemento de ABC.

Para empezar, el titular se parece más a un eslogan publicitario que a una cabecera periodística. No se tratará, en lo sucesivo, de exponer unos hechos u opiniones y contrastarlos, sino de yuxtaponer una serie de “frases” (no las voy a calificar de “razones” pues, como se verá, no lo son en realidad) para fortalecer una tesis inicial. El método es conocido: se llama argumento circular, y consiste en no avanzar ni un ápice en lo sabido, sino en volver una y otra vez al punto de partida.

El texto (que, incomprensiblemente, no aparece firmado) viene a reproducir las ideas básicas de un libro titulado “Sin raíces”, escrito a cuatro manos por Marcello Pera, presidente del Senado italiano, y el cardernal Ratzinger. Por el título y la naturaleza, al menos, de uno de sus autores, podemos intuir que el panorama descrito no se presenta muy fausto.

Acertamos. Las frases van cayendo con la “contundencia” esperable de una persona cuya función vaticana pasa por otorgar certificados de catolicismo o, en su defecto, excomulgar a quien se aparta de la doctrina oficial.

Vamos a comentar con detalle algunas de las ideas que me han llamado la atención del texto en cuestión.

“Europa, que cacarea presentándose como laica, practica de manera férrea y arrogante, el dogma de una ideología laicista beligerante”.

Vamos a ver. No sé a qué se refiere el cardenal cuando dice “Europa”: ¿la Unión Europea, su Parlamento, su Comisión, los Estados nacionales, los partidos políticos, los medios de comunicación? Imposible saberlo. Europa, seguramente, significa para el cardenal “la Europa que no me gusta”, o sea: la que voy a combatir en lo sucesivo.

Tampoco entiendo eso de que Europa “cacarea”: ¿que balbucea, que en lugar de practicar la virtud se empeña en poner huevos, que sus argumentos son irracionales como los de un vulgar ave de granja? Ah, misterio teologal.

Sea como fuere, muy respetuoso no suena. Pues Europa, como mínimo, son los europeos en general, incluidos creyentes y no creyentes.

Lo de “dogma” ya se me escapa completamente, pues entra de lleno en un ámbito (el teológico y eclesiástico) ajeno al tema del que hablamos. ¿Cómo va a imponerse como dogma algo que deben ser los ciudadanos quienes lo asuman, si así lo creen conveniente? No, conceptualmente los dogmas son mensajes que la Iglesia impone por la mera fuerza de su autoridad. Pero, de eso, Europa ya hace tiempo que se ha librado: ahora, votamos leyes, textos humanos, discutidos y discutibles; las verdades reveladas, inspiradas e inefables (dogmas en fin) queden para los templos, como siempre ha sido.

Tampoco puede aceptarse que se hable de “beligerancia”. ¿O es que la Santa Madre Iglesia toma por agresión que la sociedad civil se rija a sí misma sin tenerla en cuenta? Probablemente sea eso: la jerarquía vaticana se revuelve en su asiento cuando contempla cómo el rebaño que antaño se dejaba regir por sacerdotes, obispos y cardenales, ahora se gobierna a sí misma a través de representantes libremente elegidos.

¿Y eso de que Europa se comporta de manera “férrea y arrogante”? Tal vez lo hizo bajo gobiernos totalitarios como los de Franco, Videla o Pinochet: dictaduras bárbaras (y muy católicas) bajo cuya maza fanática perecieron, ya no sólo miles de personas, sino los valores laicos de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Ya ven para todo lo que da una sola frase: para generalizar de forma burda y chapucera, para tergiversar el lenguaje de un modo torticero y para descalificar “in toto” a nuestro sistema político vigente. No está mal, para empezar.

“¿Cómo es posible apelar a una institución internacional de derecho, a un tribunal de justicia, si antes se ha deconstruido el Derecho, la justicia y la democracia?

Aquí entramos en planos de mayor calado intelectual: cómo conciliar libertad y justicia, derechos subjetivos y deberes objetivos. Ocasión perdida. En lugar de leer y citar a politólogos humanistas y democráticos (Norberto Bobbio, para que los autores no salgan de su itálica república), Ratzinger cita… ¡a Nietzsche! No parece una referencia muy empleada por los “burócratas” Bruselas, para ser honestos.

Por el contrario, como en el artículo se trata de arremeter contra el sistema democrático acusándolo de todos los males, se lo tacha de “relativista”… ¡Claro! Deformando el auténtico sentido de la democracia (que jamás es relativista: de serlo, podría acoger en su seno al fundamentalismo sectario y autoritario que tanto seduce al cardenal), la vacía de contenido, pervierte su auténtica vocación, que no es otra que amparar y fomentar los derechos de la persona: a existir en libertad, a conocer la verdad de manera directa, a expresarse con respeto, a convivir en pie de igualdad con sus semejantes…

Nada de eso cita Ratzinger. Para él (y, es de suponer, para sus acólitos), democracia es caos y “anarquía” [sic], La capacidad que ostentan todas las personas de intervenir en la gestión de los asuntos públicos se le antoja, a alguien que vive y trabaja en una estructura jerárquica e inflexible, la puerta abierta al crimen y el abuso.

Mayor violencia contra la verdad de las cosas no se puede cometer. Pues la democracia, para merecer ese nombre y no quedar en mero marco formal, debe articularse (como es el caso de la Unión Europea pero no, por cierto, de El Vaticano) en forma de Estado de Derecho. ¿Qué significa eso? Pues reconocimiento de los derechos individuales, garantía contra la arbitrariedad de los poderes públicos y tutela efectiva por parte de Juzgados y Tribunales. De caos y anarquía, nada de nada. Relativismo, cero.

Lo que no existe en democracia es sumisión, obediencia ciega, acatamiento servil de las órdenes impartidas por señores (varones únicamente) que se dicen investidos por extrañas autoridades celestiales, las cuales les permiten excluirnos de la comunidad con un simple palabra.

“En la era del relativismo triunfante y de la apostasía [sic] silenciosa, lo verdadero ya no existe”.

Lo que no existe, o mejor, repugna a la razón personal, es la verdad revelada e incontestable. Para aceptar una afirmación, el ciudadano libre e instruido exige “pruebas”: de hecho (en caso de tratarse de asertos materiales), o de discurso (si nos referimos a enunciados inmateriales). ¡Claro que existe la verdad! Aquella que halla su fundamento en principios de la realidad o, en su defecto, en premisas coherentes y lógicamente válidas.

De lo que, en puridad, se lamenta el cardenal es de que hayan pasado a mejor vida los tiempos en que los feligreses comulgaban sumisamente con todo lo que les decía un señor vestido de negro; una era donde la Verdad consistía en unas frases escritas por hombres, pero cuya autoría se atribuía a un Dios férreo y arrogante (pues ni discutía, ni se le podía discutir); una época en que el ejercicio de la crítica y el libre examen eran sancionados con la pena capital, la privación del ejercicio de la propia libertad.

Cuando Ratzinger dice que lo verdadero no existe, se refiere únicamente a Su Verdad. Falta de argumentos y carente de capacidad de persuasión, esa pseudo-verdad teológica, no es que haya muerto: es que sobrevive en su hábitat natural, que es el de la fe personal y la íntima devoción. Del hecho de que los cristianos hayan dejado que esa llama se apague en sus corazones, más que a la democracia o a ese falso “relativismo moral”, debe inculparse a los gestores de la religión, no a los demócratas ni a los laicos.

“La evangelización cristiana no predica la secularidad, sino la trascendencia, la única verdadera trascendencia, y si esta trascendencia es única, ¿cómo se puede hablar de elementos de verdad y de gracia en otras religiones? El cristianismo débil acaba convirtiéndose en un cristiano rendido”.

Ahora dejamos de leer al supuesto fiscal de la democracia y empezamos a medirnos con el abogado del catolicismo más beligerante, férreo y arrogante que imaginarse pueda. Pues no de otro modo cabe calificar a quien afirma que su propia religión ostenta el monopolio de la Gracia, la cual no se puede compartir de ninguna manera con otras creencias ni confesiones. Si esto no es intolerancia fundamentalista, que baje Dios y la vea.

Como mínimo, el cardenal tiene la decencia de admitir que el debilitamiento de la típica soberbia católica tiene su origen en “la influencia negativa del relativismo postconciliar en la teología cristiana”, o sea: en el ecumenismo. Ese importante legado de Pablo VI, el diálogo interconfesional, cae víctima de las garras de Ratzinger como el cuerpo de una paloma bajo el ataque de un halcón. ¡Los católicos han sido vencidos porque se han dejado comer el terreno! No lo digo yo, lo dice el cardenal: “el relativismo que proclama la equivalencia de los valores o de las culturas tiende, no tanto a la tolerancia cuanto a la rendición”.

Esta retórica (ella sí) beligerante se convierte en soflama militar cuando se afirma que “hay una guerra, y es muy serio y responsable reconocerlo”. Los católicos fundamentalistas, obesos por fuera pero ya muy flacos por dentro, llaman a sus escuálidas hordas a la contienda armada. El enemigo se llama Islam. Quizás así, blandiendo el espantajo de un “choque de civilizaciones”, logren concitar en torno a ellos una adhesión que por sí mismos no han sido capaces de generar.

Lo que no sé es cómo se conjuga esta delirante paranoia cardenalicia con las recientes palabras de Juan Pablo II apelando al “diálogo entre hombres de culturas diversas en un marco de pluralismo que vaya más allá de la simple tolerancia y llegue a la simpatía” (9.12.2004), ¿Están representando respectivamente los papeles del polí bueno y el poli malo? ¿O es que Juan Pablo II, como faz visible del catolicismo, pronuncia palabras que a todos gusta oír, pero es Ratzinger quien imparte instrucciones concretas para la próxima batalla? Espero aclaración.

“El diálogo no sirve para nada si, antes, uno de los dialogantes declara que lo mismo vale una tesis que otra”.

En eso sí que hay que estar de acuerdo con el cardenal. No vale lo mismo una tesis que otra (¿lo ve? no soy creyente, me considero demócrata y, sin embargo, tampoco creo en el relativismo de opereta del que ud. me habla).

Por ejemplo, no es lo mismo una tesis que defiende el respeto a la cultura y la creencia del otro —porque él tiene el mismo derecho que yo a creer lo que quiera— que una tesis que nos niega este derecho, a él y a mí.

No es lo mismo defender (y amparar de manera legal y efectiva) la libertad de las personas a vivir en un marco político seguro e igualitario, que bajo el yugo y las flechas de una dictadura donde se combata el relativismo con la cárcel, la pira y/o el garrote vil.

No es lo mismo mostrarse firme frente a los ataques a la verdad científica, crítica y criticable, que defender un concepto irracional del mundo en nombre de no sé qué autoridad milenaria.

No es lo mismo asumir que todos los ciudadanos tienen derecho a creer en la divinidad que prefieran, que dejarse atropellar por los administradores de una confesión sobradamente conocida por su incapacidad de tolerar en su seno (a las propias palabras de Ratzinger me remito) la diferencia, el debate, el diálogo y la disensión.

Escrito por MUTANDIS a las 31 de Diciembre 2004 a las 12:07 PM
Comentarios

Feliz año. Chico no leas nada de RATZINGER que te va a hacer daño a la mente. Saludos.

Escrito por Pedro a las 3 de Enero 2005 a las 04:54 PM

jajaja Pedro, no, si yo lo que me leo es "Alfa y Omega", que es El Alcázar de los ultras. Así me documento y conozco su verdadero rostro, no ese que muestran en el telediario.

Feliz año también para ti, claro.

Escrito por MUTANDIS a las 5 de Enero 2005 a las 12:16 PM
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